Microliteratura

Posts Tagged ‘Roy Reyes’

Sordomudos

En Relato breve el 08/04/2013 a las 10:30 pm

Como para decir tonterías es mejor tener la boca cerrada; la pareja no pierde tiempo en conversaciones que no van a ninguna parte. En lugar de eso, pasan las horas acariciando sus brazos, rostros, torsos, piernas, escudriñando el uno al otro con la mirada. Son felices de forma simple y lo saben. Por eso, cuando el Dr. Milagro Conciencia les ofrece curar sus oídos y lenguas, la pareja niega con la cabeza mientras se miran de reojo. A salvo en su complicidad, sonríen hasta el punto de cagarse de risa, luego se alejan caminando, tomados de la mano, diciendo todo sin decir nada.

La astilla en el zapato

En Relato breve el 27/01/2013 a las 9:45 pm

La explicación a su repentina sensación de tristeza la encontró incrustada en la suela de sus zapatillas favoritas. La astilla de melancolía era minúscula, de color verde, como un pequeño puñal de jade. Lo primero que pensó fue arrancarla a la brava, pero un pensamiento más pragmático sobre la situación le empujó a intuir que el contacto directo de su piel con la astilla podría causarle aun más daño. Mal asunto. ¿Para qué sufrir en vano? Luego intentó usar las llaves de casa como quien se quita un chicle del zapato, pero recordó que el metal conduce electricidad y que la electricidad y los sentimientos a veces coinciden. Entonces decidió andar descalzo. Enseguida sintió miedo, confusión, frustración, rabia, odio, ira. Mejor la melancolía, soltó en voz alta mientras se anudaba el cordón de las zapatillas.

De oficio: espíritu navideño

En Relato breve el 16/12/2012 a las 8:55 pm

Recinto cerrado. Luces encendidas. Herramientas por todas partes. Escaleras de mano que suben y bajan a toda prisa por las eléctricas. Cámaras de seguridad que vigilan el ejército de hormigas obreras. Expositores cambian de lugar. La exactitud de los planos no da cabida a improvisar. La creatividad sólo puede venir de arriba como una inspiración divina. La virgen María, San Pedro, el niño, hasta la mula y el buey vienen en cajas «Made in China». Las horas corren. El árbol enorme del lobby viene decorado de fábrica. Enchufar y listo. Igual que el microondas con 30% de descuento que encabeza las ofertas del departamento de cocina. Poco antes de abrir, el gran hermano verifica que las guirnaldas cuelgan en su lugar. Villancicos inundan la tienda. Todo a punto. El contrato expira. Ventanilla. Cheque. Me voy a dormir.

Venta sobre venta

En Relato breve el 23/09/2012 a las 10:08 pm

El vendedor despierta, no porque lo desea sino porque el despertador le apunta con el dedo del despido. Intimidado, frente al espejo, deja correr el agua. Usa la herramienta cepillo dental como sus padres le enseñaron. Arriba y abajo. Entre ducharse o desayunar hoy escoge silenciar las tripas, ¿leche desnatada? Calle, boleto, andén, empujón, disculpas aceptadas de mala gana, una, dos, tres estaciones hasta que al fin; próxima parada. De nuevo, Perdón, Disculpe, Lo siento. Individualidades arreadas. Calle, escalera, ascensor, Hola, Sonrisa, Hola, Sonrisa, Hola, Sonrisa y todas las necesarias. Entonces se aprietan tuercas, se tira de la palanca, se estampan sellos, se teclea en el ordenador, se sirve café, se dice buenos días antes o después de ofrecer ayuda a ese cliente que entra con ganas o sin ganas de gastar dinero.

 Dinero.

 Dinero.

 Dinero.

Tic-tac-tic-tac

En Relato breve el 29/07/2012 a las 9:42 pm

El hombre recobra la conciencia después de lo que parece ser un largo sueño. Despierta, abre grande los párpados, pero sus ojos no alcanzan a ver nada. Nada. Intenta moverse, ponerse en pie, ir hacia algún lugar. No hay manera. Es incapaz de sentir cualquier parte de su propio cuerpo. Si aún goza del privilegio de ser, tendrá que ser incorpóreo. Pronto toma conciencia de que la única facultad que conserva es el habla, que resulta imposible diferenciarla del pensamiento en voz alta si no hay quien escuche. Inútil. Después del ataque de pánico correspondiente al cuestionamiento sobre la verosimilitud de su propia existencia, luego de callar su propio grito, el hombre encuentra una pizca de esperanza cuando oye el tictac de un reloj. Es lo único que escucha: tic – tac – tic – tac.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

CERRAR