Qué podían saber sobre el tal ‘reflejo condicionado de Pavlov’. Para Emilia y José lo de los domingos era una costumbre: cuando su padre tocaba dos veces la bocina de la camioneta, bajaban corriendo las escaleras.
Hoy hicieron lo mismo. La escucharon y, sin mirar por la ventana, bajaron y abrieron la puerta principal con ansiedad. Ellos qué sabían sobre secuestros. Esta mañana, lo único que les preocupaba era que el oso panda del zoológico no estuviera dormido.







