Microliteratura

Posts Tagged ‘Julio Muñoz’

Te quiero

En Relato breve el 17/06/2013 a las 10:15 pm

Yo

Miró el cuaderno solitario que descansaba sobre la mesa, la página que quedaba al descubierto estaba llena de apuntes y dibujos que emborronaban todo significado. Lo cogió y se recostó en el sofá, el aburrimiento le convertía en un ser curioso. Pasó las hojas hasta llegar a una que estaba sin manchar, era la única hoja de todo el cuaderno que conservaba su color original. La arrancó y buscó un bolígrafo.

Él

Era la hora de cerrar, apagó las luces y cerró la persiana, metió la mano en el bolsillo en busca de las llaves y tropezó con un papel extraño, lo desdobló y leyó:

“Eres mi bolero. Y sin embargo te quiero.”

Reflejos

En Relato breve el 18/03/2013 a las 11:30 pm

Miraba absorta las piezas que el joyero puso frente a sus narices, todas eran brillantes e hipnóticas, pero pronto sus ojos no pudieron separarse del anillo con el diamante más grande. Nerviosa lo cogió, lo acercó y vio su cara multiplicada en miles de máscaras. Lo soltó y clavó la mirada en el suelo, estaba asustada, ninguno de aquellos reflejos eran lo que ella algún día fue, o quiso ser.

Un final sin principios

En Relato breve el 18/02/2013 a las 9:09 pm

Sigue corriendo con las lágrimas lacerando sus mejillas, atrás deja los gritos, las sirenas y los cristales rotos manchados de sangre. Corre sabiendo que de nada servirá, que será un muerto más, un cadáver olvidado.

Cansado de huir se detiene y alza las manos sobre su cabeza, un escalofrío recorre todo su cuerpo, la primera ráfaga de balas impacta de lleno en su espalda.

La paz que nunca tuvo le invade y con una sonrisa cae al suelo convirtiéndose en polvo, en recuerdo.

Cuenta hasta diez

En Relato breve el 23/09/2012 a las 10:07 pm

«Cuando aparezca un monstruo y no esté aquí contigo solo tienes que cerrar los ojos y contar hasta diez, te prometo que el monstruo ya se habrá ido». 

Las palabras de su madre ahora quedan muy lejanas pero hoy resuenan en su cabeza.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez.

Abre los ojos y primero mira sus manos, le asusta volverlo a encontrar. Levanta despacio la cabeza hasta toparse con el lavabo, el miedo invade su cuerpo y tiembla. Sigue levantando la mirada hasta encontrarse de nuevo con él. Rápido, vuelve a cerrar los ojos.

 Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez.

Ya no abre los ojos, tiene miedo, sabe que el monstruo del espejo nunca va a desaparecer. 

Once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis…

Miradas

En Relato breve el 22/04/2012 a las 9:22 pm

De todas las miradas, la del espejo es la que más miedo le da. Esos ojos repetidos en sí mismo le recuerdan que es real, que todo lo soñado es sólo un cuento, un deseo, por eso todas las mañanas evita mirarse cara a cara con su reflejo y lo hace apenas de refilón, convirtiéndose en un simple borrón, un nadie más esperando a que otros ojos le den forma.

Manos

En Breve escritura manual, Relato breve el 25/03/2012 a las 9:08 pm

Mira por la ventana, siente la brisa fresca que rozando su rostro seca sus lágrimas. No puede mirar su rostro, algo le impide acercarse a ese cristal que ya está roto.

Cierra los ojos, respira hondo, se da la vuelta, se queda quieta durante un minuto; luego los abre para ver su mano tendida sobre la cama. El silencio de esa piel le recorre por todo el cuerpo congelando cada latido. Se sienta junto a él y delicadamente coge esa mano que, vacía, llena su cabeza de recuerdos. Esa mano sujetó el cielo, la peinó, la acarició e incluso la hizo tener miedo. Recorre los surcos, las arrugas que ya no llevan ningún nombre. Esa mano le devuelve la niñez olvidada.

Entre lágrimas ella susurra:

—Te quiero papá, no te olvidaré.

Entre líneas

En Cadáver exquisito el 17/04/2011 a las 10:10 pm

Por cada página que leía, sentía más profunda la mirada del protagonista, tanto, que casi podía palparlo, casi podía escuchar su respiración.

Dejó de dormir y de comer para dedicarle todo su tiempo. A veces, su figura se dibujaba borrosa en el espejo, empezaba a conocerle bien.

Sentía que la perseguía, la expiaba, incluso la tocaba, pero no se atrevía a nombrarlo. Cuando el miedo traía el frío, cerraba el libro.

Lo miraba desconfiada, desde lejos; y sin remedio, lo tomaba en sus manos, para poder acariciar sus hojas buscando calor, buscándolo a él.

Una noche un ruido la despertó, era el libro que cayó solo al suelo, abriéndose por la página donde mataban a su fantasma.

Al recogerlo sintió un puñal desgarrándola repetidamente, tal y como describía aquel párrafo. Encontraron cuerpo y libro igual de vacíos.

Olor y tacto

En Breviario de amor, Relato breve el 13/02/2011 a las 10:39 pm

Llevo toda la vida imaginándote entre palabras, tocándote entre versos, describiendo tu mirada, tu piel, tu voz.

Y ahora que te puedo tocar, que eres real, echo en falta el olor a tinta y el tacto del papel.

La bola roja de navidad

En Relato breve el 25/12/2010 a las 10:36 pm

Cada año, llegadas las fiestas navideñas, Rubén se comprometía a colocar la bola preferida de la abuela, ya desaparecida, en la rama más alta del árbol. Se había convertido en una emotiva tradición familiar: se reunían a su alrededor para ver al pequeño subir por la escalerita y anudarla, junto a la estrella, presidiendo el salón. Era el punto de partida de las felices fiestas.

Todos ignoraban que su particular resplandor se debía a la presencia del niño. Se ponía rojísima cada vez que él asomaba porque se sabía testigo del engaño: todas las noches de Reyes, mientras él dormía, veía a los padres de Rubén colocar los regalos bajo el árbol. Ese secreto, que ardía en su interior, la convertía en la bola más roja y brillante de todos los árboles de Navidad.

Marchita

En Relato breve el 05/12/2010 a las 8:57 pm

Todas las mañanas deshojaba una margarita de su jardín. Por cada pétalo arrancado, su piel y su mirada se marchitaban un poco más, llenándose de tristeza, tornándose gris.

En su boca brotaban las palabras tímidas: «Me quiere, no me quiere».

En su cabeza una sola frase se repetía: «No me quiero».

Sólo sangre

En Cuentos de la Tuitah, Relato breve el 02/11/2010 a las 1:05 am

Agotado y sufriendo, deambula de un lado para otro como un borracho, pero no es el alcohol quien lo zarandea sino una daga aún clavada en la espalda por su asesino. Cada respiración un abismo.

El profundo dolor que inunda su cuerpo se mezcla con el sabor metálico de su propia sangre; sangre que baña su piel. Gota a gota se desangra tiñendo el suelo de rojo profundo.

Se le escurre la vida entre espasmos, temblores que lo hacen caer de rodillas sobre la arena, aumentando el dolor. La muerte se toma su tiempo, juega minutos antes del último aliento.

Con sus últimas fuerzas, mira al horizonte para descubrir a toda esa gente que aplaude su muerte, aplaude su sangre, que seguirá aplaudiendo cuando él ya no esté y sólo quede sangre sobre la arena.

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