Microliteratura

Posts Tagged ‘Isabela Méndez’

Cuando fui ovillo

En Relato breve el 15/04/2012 a las 8:43 pm

Yo soñé que mi cuerpo era un ovillo, mi corazón de lana, mis venas de estambre, mis brazos de hilo, mis pies de algodón. En medio de la noche me despertó un pinchazo como de aguja y vi que el mundo estaba tejido: la gente, la hierba, las cosas. Los sauces lloraban trenzas, la luna hilaba su luz.

Bordó mi hálito la incertidumbre, si el mundo era de aquellas fibras, ¿se encogería cuando arribara la lluvia? ¡Quedaríamos anudados, en un núcleo compacto, respirando un olor a costurero!

Han pasado las horas, poco a poco todo ha vuelto a ser de materiales diversos: metal, madera, plástico, concreto, arcilla.

Yo, que de nuevo soy de piel, busco sin embargo, tejer mi camino.

El hombre que le temía a sus huellas

En Relato breve el 18/03/2012 a las 8:59 pm

Una vez existió un hombre que le temía a sus huellas. Pensaba que la suerte no le acompañaba y que en cualquier momento podía cometer algún error por el cual más tarde, siguiendo sus pasos, le atraparan. El hombre decidió quedarse estático, para así librarse del peligro de la acción y, en especial, de la posibilidad de dejar vestigio. Contrario a lo que él tramó, por causa de su inmovilidad echó raíces en aquel punto, para después enterarse de que las raíces son las huellas más poderosas. Huellas que primero se prolongan verticalmente y después hacia los lados.

Mirado y admirado por todos, el Hombre-Árbol recibe cada año miles de ojos curiosos que, al marcharse, dejan a su alrededor un campo de huellas interminables.

Levemente

En Relato breve el 11/03/2012 a las 11:14 pm

Hoy llueve tan levemente. La ropa tendida se moja de a poco, como de a poco nos cala el olvido.

Un día sin saber cómo, se nos anega la paciencia. Tanta humedad deshace las pieles y vemos nuestros huesos y los huesos de quien amamos. Tratamos de hacer el amor pero el golpeteo de osamentas aturde y hay que ir con cuidado para que una caricia no caiga en sordas cavidades.

Dislocados, los que un día fuimos mullida caricia, nos abrigamos con el único vocablo posible: FIN

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