Microliteratura

Posts Tagged ‘Carlos Aranda’

Disfraz

En Relato breve el 08/05/2011 a las 9:24 pm

Aguantando la náusea que le provocaban el dolor en el estómago y la peste a alcohol, la joven se levantó de la cama con cuidado para no despertar al hombre que por fin comenzaba a roncar a su lado.

Recogió del suelo el pedazo de tela verde y continuó cosiendo.

Su hijo luciría una enorme sonrisa en el festival de la escuela, ignorando que por la forma en que a su madre le lagrimeaba el ojo amoratado, le había llevado toda la noche terminar de coser el pequeño disfraz.

Irreductibles palabras

En Breviario de amor, Cadáver exquisito el 06/02/2011 a las 8:56 pm

El cielo se desplomó sobre mí, deshecho en pedazos de nube que coronaron mi cabeza. Reino de agua, así.

Así, como cuando bebo vino, cuando escribo y rimo, cuando tomo y quito. Así de pronto, así es que vivo.

Vivo en una calle sin olivos, pero que huele a aceitunas; sin casas, pero con muchas ventanas; sin gente, pero lleno de voces.

Voces que cantan amores, que cantan ardores, que cantan horrores. Voces que cantan y encantan razones.

Razones imposibles. Verdades impensables. Irreductibles palabras que nacen de mí: hijas de mi aliento.

Aliento, viento en los labios, corrientes de aire del alma a los pulmones. De los pulmones a la nada.

Cinco pesos

En Relato breve el 12/12/2010 a las 8:24 pm

Prudencia guardó, centavo a centavo, cinco pesos para comprar tres metros de tela, y se hizo un vestido nuevo. Habría fiesta en la hacienda, y tenía la esperanza de que a sus dieciséis años, Julián por fin se fijara en ella.

Esa noche llegó él, vestido de gala y botonadura de plata, la saludó y preguntó por Martina, la hija de don Gastón, el dueño de la hacienda.

Alejados de la música y los fuegos artificiales, Julián declaraba su amor a la heredera de la finca; los cocuyos y su luz como únicos testigos.

En la troje, Prudencia yacía con el vestido desgarrado. Entre lágrimas, miraba al patrón mientras se ataba el cinto. Don Gastón le extendió un billete de diez pesos y dijo:

—Cómprate un vestido de verdad… quiero que te veas bien chula para la fiesta del pueblo.

Tic, tac, clic, clac

En Relato breve el 05/12/2010 a las 8:56 pm

Bip, bip. Bip, bip.

Suena el despertador. No durmió suficiente; nunca lo es.

Tic, tac. Tic, tac.

El reloj y su interminable correteo. No tiene suficiente tiempo; nunca lo hay.

Clic, clac. Clic, clac.

Suenan sus tacones en el pasillo, el pavimento, el metro, la oficina. Un ritmo apresurado, huir.

Tap, tap. Tap, tap.

Escribe informes, teclea indicaciones. Escapar por la punta de los dedos.

Clap, clap. Clap, clap.

Aplaude fuerte en un espectáculo. Mitigar la soledad. Intento vano.

Vuelve a su departamento, sola. Bebe un poco antes de dormir; un placebo de olvido. Él se fue. Para siempre.  Al día siguiente, vivir de nuevo, ensordecida el alma por el eco de sonidos cortos, que repiten sin cesar:

Bip, bip. Bip, bip. Tic, tac. Tic, tac. Clic, clac. Clic, clac. Tap, tap.

Tap, tap. Clap, clap…

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