Microliteratura

Archive for the ‘Cadáver exquisito’ Category

Indigestión

En Cadáver exquisito, Convocatoria Tenebrosa flash el 02/11/2016 a las 10:54 pm

Contó los dedos de sus pies para asegurarse de que estaban todos, pero, aunque no lo pareciese a primera vista, la cuenta daba diecinueve.

¡Diecinueve pasos dio hasta que se dio cuenta de su ira!

Ira encendida era lo que encontraba escudriñando en sus recuerdos pegajosos. Una gota de sudor seguía el camino trazado por una arruga.

Arruga tejida en su piel, como una cicatriz, que al tocar se evapora.

(Evapora cada luna con la salida del sol, quedan nubes gordas, perezosas y sonrientes mirando la mañana desmigajada y alegre).

Alegre melodía que suena dentro de su cabeza, sin cesar, hasta que rompe…

El pasaje

En Cadáver exquisito, Convocatoria Tenebrosa flash el 02/11/2016 a las 10:03 pm

Abrió la puerta y al otro lado, el mismo cuarto blanco; quiso regresar pero a su espalda sólo había un muro; dibujó una ventana en la pared.

Delineó un picaporte, respiró hondo y lo tomó con fuerza; mano y dedos humanos atravesaron el portal y asomaron como verde garra de lagarto.

Introdujo con sigilo su reptilidad en un tupido bosque de atmósfera densa y ruidos confusos; se supo cazador y presa, olfateó, afinó el oído.

Con la vista fija en la lengua serpenteante medita cómo se producirá el cambio de caliente a fría de la sangre y regula su estrategia motriz.

El hombre, aprisionado en la conciencia, siente desvanecerse la memoria y el idioma; el temor al encierro transmuta en audacia y liberación:

Traspasaría las dimensiones unidas por el tallo ancestral, desconocido y prometedor, trazando el portal con uña de su garra, o con un lápiz.

Mientras huyan los gatos

En Cadáver exquisito el 30/12/2012 a las 8:46 pm

En la punta de tu lengua toco el sabor de todas las palabras de los idiomas que no comprendo.

Estamos alumbrando en la ausencia, en ese paréntesis que comienza en mi gato y su duda y que encierra también todos los pájaros del párpado.

Como un libro que ni se cierra ni se abre porque las páginas impares permanecen en su canto.

Déjame parir la lejanía, ese animal salvaje que rescata el Instante y lo regresa a la memoria.

Una grieta de pliegues suaves que contiene la historia del vacío y la permanencia del amor.

Inconclusa, indecisa, llena de urgencia, en el límite de la barbarie, abro la puerta y desaparezco a tu encuentro.

Hecatombe

En Cadáver exquisito el 13/05/2012 a las 9:06 pm

Había una vez un cuento atrapado en la garganta de un escritor.

La nieve caía sobre tu rostro pero rápidamente desaparecía convertida en minúsculas gotas.

Tres simples palabras no son barcos, aunque se hagan a la mar y naveguen.

Sentí un escalofrío en mi nuca y bruscamente giré.

Curioso, cómo deja huella en mi mesa tu mano cuando jugamos cartas.

Me arrodillé, caí al suelo, me convertí en chicharra. Chillé.

Entre líneas

En Cadáver exquisito el 17/04/2011 a las 10:10 pm

Por cada página que leía, sentía más profunda la mirada del protagonista, tanto, que casi podía palparlo, casi podía escuchar su respiración.

Dejó de dormir y de comer para dedicarle todo su tiempo. A veces, su figura se dibujaba borrosa en el espejo, empezaba a conocerle bien.

Sentía que la perseguía, la expiaba, incluso la tocaba, pero no se atrevía a nombrarlo. Cuando el miedo traía el frío, cerraba el libro.

Lo miraba desconfiada, desde lejos; y sin remedio, lo tomaba en sus manos, para poder acariciar sus hojas buscando calor, buscándolo a él.

Una noche un ruido la despertó, era el libro que cayó solo al suelo, abriéndose por la página donde mataban a su fantasma.

Al recogerlo sintió un puñal desgarrándola repetidamente, tal y como describía aquel párrafo. Encontraron cuerpo y libro igual de vacíos.

El crujido de las hojas

En Cadáver exquisito, Ellas el 06/03/2011 a las 8:21 pm

El crujido abrió la puerta y se arrastró, lento pero decidido, hasta mis pies, como si el poco sonido que le quedaba fuese su combustible.

Combustible, pero al fin y al cabo eterno, como la llama que se extingue y en otro espacio prende y cobra forma.

Forma una fila de caracoles para encontrar respuestas que lleva por dentro. Respuestas que se olvidan apretadas entre las hojas de un libro.

Libro abierto, libro cerrado. Al final todo se resolvía en las tapas de un libro, que crujían de gozo cuando alguien se acercaba a mirarlas.

Mirarlas de reojo, como se mira lo ignorado, lo lejano, desconocido. Mirarlas a hurtadillas para aprehender su esencia y untarla en mi piel.

Piel era el nombre de sus palabras, que recubrían sus anhelos y enviaban mensajes ocultos y cifrados al gran poema de sus poemas.

Irreductibles palabras

En Breviario de amor, Cadáver exquisito el 06/02/2011 a las 8:56 pm

El cielo se desplomó sobre mí, deshecho en pedazos de nube que coronaron mi cabeza. Reino de agua, así.

Así, como cuando bebo vino, cuando escribo y rimo, cuando tomo y quito. Así de pronto, así es que vivo.

Vivo en una calle sin olivos, pero que huele a aceitunas; sin casas, pero con muchas ventanas; sin gente, pero lleno de voces.

Voces que cantan amores, que cantan ardores, que cantan horrores. Voces que cantan y encantan razones.

Razones imposibles. Verdades impensables. Irreductibles palabras que nacen de mí: hijas de mi aliento.

Aliento, viento en los labios, corrientes de aire del alma a los pulmones. De los pulmones a la nada.

Ágora

En Cadáver exquisito el 23/01/2011 a las 11:53 pm

Ya nada más la utopía se desliza lentamente por las puertas del olvido, tal vez él respira la historia enroscada en sombras ♪♫ sólo leer el eco rojo e incorregible… debía fumar la lúgubre carga, sin ellos, ella y su gato ♪♫

Cut up original

Las hojas

En Cadáver exquisito, Cuentos de la Tuitah el 03/11/2010 a las 12:28 am

Encerrado en su cuarto, escribiendo todos los días.

Días atrás el calendario cobró vida y se dedicó a comerse sus propias hojas.

Hojas en blanco, algunas con manchas. De ella no se entendía nada.

¡Nada te debo! —masculló entre dientes. Levantó su pesado cuerpo y se hundió en la oscuridad.

Oscuridad era lo que se reflejaba en esos papeles, la oscuridad de su alma.

¿Alma? No, no creo que aún le quede alguna —eso me dijo. Y entonces la mía se escabulló por la ventana.

Tu cadáver en la cama

En Cadáver exquisito el 25/10/2010 a las 10:43 pm

Con un zapato le dio un buen golpe.

Golpe en el centro del pecho, como una flecha certera, directa, que atravesó su corazón, que le apagó la luz.

¡Luz! —pidió a gritos. Pero la respuesta fue un violento silencio.

Silencio en las noches, silencio en sus labios, en sus ojos, pero en su interior gritaba, su piel ardía de anhelo.

Anhelo de dormir en el suelo cuando se tiene cama grande.

Grande, tan grande que el fuego comenzó a incendiar la cama y los dos se consumieron en un beso que detuvo el tiempo.

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