Microliteratura

Crónica de un absurdo

En Relato breve el 16/12/2012 a las 8:55 pm

A Adolfo Hitler

No supo con certeza si se trataba de un abismo o un laberinto, pero, en fin, era inevitable su salida. Emergió en silencio, piel desnuda, despoblado de fuego. Sintió en la superficie de cráneo la presión casi hiriente de unas manos indescifrables que procuraban extraerlo de su cálida estancia. Después, ya en brazos del aire, y mientras era colocado en forma vertical, con la cabeza hacia abajo, recibió una nalgada espantosa que accionó sus cuerdas vocales e incendió su primer grito. Desde entonces juró vengarse: del médico, de todo el mundo… y lo hizo.