Microliteratura

Sudaca

En Breve escritura manual, Relato breve el 01/04/2012 a las 9:15 pm

A partir de aquel día cualquier mano le transportaba a la visión de la carne esparcida después de la explosión. Aquella mañana entre escombros de hierro retorcidos aparecían manos, voces y gritos desgarradores, de auxilio, de espanto.

Las manos siempre fueron una obsesión para él, por eso estudió Bellas Artes. Soñaba dibujarlas en escorzo, abiertas, en puño, clásicas. El 11 de marzo de 2004, muy temprano, Atocha se convertía en el siniestro que se las arrebatara y le mostrara las de aquellos inocentes que, como cada día, iban a sus trabajos.  Él era un turista sudaca en Madrid que imaginaba frente a sí todas las manos de El Prado: renacentistas, barrocas, surrealistas. Pero nunca llegó.

En el quirófano le devolvieron la vida, entendió de inmediato que debía agradecer haber sobrevivido, aunque sus propias manos se habían quedado en aquella estación.

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