La distancia mínima
entre dos cuerpos
no es la palabra obvia
sino el más tímido
de los silencios
Por eso a veces
es mejor callar
No para decir amor
sino para escucharlo
La distancia mínima
entre dos cuerpos
no es la palabra obvia
sino el más tímido
de los silencios
Por eso a veces
es mejor callar
No para decir amor
sino para escucharlo
Había una vez un cuento atrapado en la garganta de un escritor.
La nieve caía sobre tu rostro pero rápidamente desaparecía convertida en minúsculas gotas.
Tres simples palabras no son barcos, aunque se hagan a la mar y naveguen.
Sentí un escalofrío en mi nuca y bruscamente giré.
Curioso, cómo deja huella en mi mesa tu mano cuando jugamos cartas.
Me arrodillé, caí al suelo, me convertí en chicharra. Chillé.
Mi imagen equivocada de ti
me hace morder mis labios
pisar mis sueños.
Tu imagen equivocada de mí
te hace morder tus labios
pisar tus sueños.
Mi imagen equivocada
confunde
tu imagen equivocada.
Y así seguimos jugando…
hasta encontrar
otras imágenes equivocadas
de ti y de mí.